jueves, 1 de diciembre de 2011

3 de Diciembre. Reflexión espontánea para el Día Internacional de la Discapacidad


¿El día 3? ¿3 de Diciembre? ¿Qué tiene de especial el día 3 Diciembre? Pues os cuento el día 3 de Diciembre es el día Internacional de las personas con discapacidad, que en el año 2011 se conmemorará por XIX vez.

Los que han tenido la desgracia de soportar mis pinitos en periódicos locales y blogs rudimentarios - y luego abandonados- sabrán que soy contrario a este tipo de conmemoraciones. Me parecen vergonzantes, una forma de reconocer las carencias de nuestra sociedad un año sí y otro también.

Como cada año, la ONU ha matizado esta conmemoración con un objetivo, un dato, en fin, un detalle característico correspondiente al 2011. Este año el día de la discapacidad tiene como tema central «Juntos en pro de un mundo mejor para todos, que comprenda la participación de las personas con discapacidad en el desarrollo». Discapacidad … desarrollo … límite y avance … ¿No se presenta en la mente una carrera -la del desarrollo- en la que algunos corredores, parten desde más atrás, superan más barreras?

Me viene a la mente una frase que leí a una amiga hace unos meses: “Las barreras son algo bello”. Me dio qué pensar entonces y la he vuelto a recordar estos días. Entonces me hizo pensar en la belleza del límite y a la vez en lo bonito visto, no como algo estático, cual Venus de Milo, sino como algo dinámico, que avanza con lentitud, renqueante, con dificultad … pero avanza y se desarrolla.

Personalmente, siempre he afrontado ese desarrollo de forma autónoma -exceptuando, claro, el apoyo familiar- es decir, alejado de grupos o asociaciones dedicadas a la discapacidad. En mis clases de instituto era el único con dificultades motrices y soy el único dentro de mi grupo de amigos cercanos que tiene una discapacidad. Quizá por ello, mis anhelos, mis aspiraciones y mis intereses siempre han sido los que correspondían a mi edad y mi contexto social.

He de decir que he tenido una suerte inmensa con mis relaciones amistosas, considero que tengo un grupo de amigos estables, a los que aprecio y que me soportan, con los que he compartido innumerables peripecias, sintiéndome siempre uno más, sintiéndome apoyado en todo. En ese sentido, creo que tengo mucha suerte.

No obstante, hoy he vivido por primera vez el 3 de Diciembre rodeado de otras personas en circunstancias similares a las mías, lo que volvió a hacerme pensar, mucho. Aunque no es mi intención daros la tabarra con todas las reflexiones que han zarandeado mi mente durante el día de hoy, confieso que he pensado y sentido de todo: fuerza, incertidumbre, afecto, alegría, optimismo, intranquilidad, incluso algún que otro pellizco de tristeza.

Es muy difícil definir esa participación social a la que aspiramos las personas con discapacidad. Es complicado desde el momento en el que se nos presentan los diferentes planos que la sustentan, a saber, participación laboral, social, política, unida al desarrollo emocional, afectivo, la práctica educativa…

Supongo que conseguir una sociedad heterogénea y equilibrada, implica tener en cuenta las particularidades de todos los grupos y aún dentro de cada grupo, cada individuo tiene sus propias inquietudes.

A mí me ha tocado formar parte de este grupo, lo que me lleva a preguntarme ¿Debemos adaptar nuestras aspiraciones a las aspiraciones de grupo? ¿Quién es capaz de clasificar los anhelos en un grupo y otro? Yo no lo sé y confieso que me intranquiliza. Me intranquiliza pensar que la barrera sea bella, porque la belleza incita a no ser tocada, sino observada y disfrutada

Pienso que es hora de fundar una estética dinámica, de ver belleza en el acto de superación, en la usurpación de esos lugares que la sociedad nos veta, porque no son adecuados para las personas con discapacidad o porque, simplemente, no hemos ido haciéndonos allí nuestro hueco, a base de tradición, constancia y presencia.

Creo que no hay que bajar los brazos, porque si algo distingue a las personas con discapacidad física, es el afán de movimiento y la superación de fronteras dentro de la sociedad. Aunque seamos personas con discapacidad, recordemos que esa limitación es singular, puntual y que nada nos impide desarrollarnos plenamente. Las limitaciones son sólo aparentes y nuestro cuerpo tiene limites moldeables, fronteras franqueables.

Seamos pues transterrados sociales, siempre nómadas, siempre inquietos, hasta encontrar el sitio que queremos y desde el que más podemos aportar.